La comunicación está tan presente en nuestra vida diaria que apenas le prestamos atención. A menos que seamos ascetas recluidos en una cueva, sin ningún tipo de contacto con el mundo, nos estamos comunicando continuamente. Con nuestra pareja, con nuestros compañeros de trabajo, con el camarero de la cafetería a la que solemos ir, con la vecina de al lado. Nos comunicamos continuamente. Pero la pregunta es, ¿sabemos comunicarnos de forma correcta?

 

Los tipos básicos de comunicación

Cuando hablamos de comunicación podemos establecer dos categorías generales:

– La primera categoría es la de los monólogos. Un claro ejemplo de ésta sería la charla que amablemente nos dedica el compañero de trabajo que acaba de comprarse un coche. Los primeros días de emocionante estreno se pasará horas hablándonos sin parar de las maravillas de su nuevo vehículo, mientras nuestra intervención se limita a escuchar y rogar en silencio que alguien lo llame por teléfono o le dé alguna tarea. Uno habla y otro escucha. Eso es todo.

– En la segunda categoría, la de los diálogos interpersonales o conversaciones, la cosa cambia un poco. Aquí las dos partes tienen la oportunidad de hablar y de escuchar. Da igual que sea cara a cara o a distancia. Las charlas en la cafetería con los compañeros, las largas conversaciones telefónicas con los familiares que viven lejos o las videoconferencias de trabajo, son claros ejemplos.

¿Qué tenemos que hacer?

Es cualquier caso, debemos tener en cuenta varios aspectos importantes para establecer una correcta comunicación:

1. Recordar los nombres de las personas con las que hablamos. Cuando son personas que ya conocemos es sencillo, pero cuando nos presentan a alguien por primera vez, la cosa se complica. Sobre todo si nos presentan a más de una persona al mismo tiempo. Lo habitual es que nos olvidemos de algún nombre. En estos casos, lo mejor es reconocerlo y preguntarlo de nuevo. Si podemos apuntarlo en algún lugar para no volver a olvidarlo, mejor. Fijarnos en su rostro y en su forma de vestir y de moverse, también nos servirá de ayuda para recordar mejor a esa persona la próxima vez que la veamos.

2. Mantener una distancia física adecuada. Podemos hablar aquí de cuatro niveles o categorías:

a. Distancia íntima (menos de 40 cm.). Como su propio nombre indica, es la que utilizamos en las situaciones más íntimas de nuestra vida, como hacer el amor o en conversaciones románticas o apasionadas. Aquí no sólo intervienen las palabras, sino que la comunicación se produce también a través de todo tipo de sensaciones como el tacto, el olor o el calor corporal.

b. Distancia personal. Puede ser:

i. Próxima (entre 40 y 70 cm.). Es la distancia a la que solemos relacionarnos con las personas que tenemos confianza, como familia o amigos. Cuando alguien fuera de nuestro círculo de confianza intenta acceder, nos sentimos incómodos.

ii. Lejana (entre 70 y 120 cm.). Sería el límite de nuestro dominio físico, que equivaldría a la distancia de nuestro brazo extendido. Es la distancia adecuada para tratar asuntos personales.

c. Distancia social. Se divide en:

i. Próxima (entre 120 y 200 cm.). Es la que solemos utilizar al relacionarnos dentro de la oficina.

ii. Lejana (entre 2 y 4 m.). Para conversaciones más formales. Por ejemplo, con el jefe en su despacho.

d. Distancia pública (más de 4 m). Se utiliza para hablar en público y dar discursos.

3. Distribuir el espacio de manera adecuada. Cómo nos colocamos tiene una gran importancia. El rey Arturo ya lo sabía. Por eso creó la famosa tabla redonda donde se reunía con sus caballeros. Colocándose en forma circular, sin nadie ocupando una posición destacada, todos los allí reunidos tenían la misma importancia. Ese es el motivo por el que resulta fundamental tener claro qué queremos hacer y qué mensaje queremos hacer llegar, antes de decidir si vamos a usar una mesa circular o una rectangular, si queremos colocar varias mesas en forma de herradura, en filas o en forma de T. Las opciones son múltiples y debemos pensarlas bien.

4. Cuidar nuestro lenguaje corporal. Nuestra postura, por ejemplo, es un aspecto que dice mucho de nosotros. Una persona con la espalda recta, pecho hacia fuera y cabeza alta, nos está comunicando seguridad y confianza en sí misma en cuanto la vemos. El lenguaje corporal que utilizamos cuando hablamos con alguien, comunica mucho al otro. Un ejemplo es cuando sentimos especial interés por alguna persona. Entonces tendemos a igualar nuestra postura con la del otro, le miramos a los ojos, sonreímos, le rozamos y mostramos continuas expresiones de atención. Todo nuestro cuerpo le está enviando un mensaje.

5. Utilizar un vestuario adecuado. La forma en la que nos vestimos también comunica. Forma parte de la primera impresión que damos a los demás, por eso es importante cuidarla. Normalmente nos sentimos atraídos por aquellas personas con quienes nos identificamos, así que conviene adaptarse lo mejor que podamos a la situación en la que estemos. Obviamente, si tenemos que dar una charla a adolescentes, no nos vestiremos como ellos, pero llevar unos vaqueros seguro que nos hace más cercanos que presentarnos con un traje de chaqueta.

6. Prestar atención a nuestra forma de hablar. Cómo decimos las cosas tiene una gran importancia también. El tono, el volumen y el ritmo de nuestra voz pueden indicar nuestro estado de ánimo y nuestra personalidad. Fíjate en cómo es tu voz cuando hablas normalmente con tu familia y en cómo es cuando hablas con tu jefe. Hay diferencias, ¿verdad? Igual que las hay entre hablar con alguien cuando tenemos un mal día o hablar con la misma persona cuando estamos felices. Trata de cuidar tu forma de hablar a los demás.

Recuerda que la comunicación es mucho más que palabras. Hay muchos factores que debes tener en cuenta para que sea efectiva y poder lograr el propósito que buscas.