Todo el mundo sabe que dominar el arte de hablar en público es algo que sólo está al alcance de unos pocos. Hay que tener unas características especiales para poder lograrlo. Una persona introvertida, por ejemplo, jamás podría llegar a ser bueno hablando en público, ¿verdad? ¿Sabes lo que tienen en común personajes tan importantes como Gandhi, Abraham Lincoln, o Barack Obama? Ser introvertidos. Cuesta creerlo, sí. La lista de personajes introvertidos que fueron capaces de inspirar a millones de personas, es larga. Entonces, ¿cuál es el secreto?

 

¿Qué se necesita para llegar a ser un gran orador?

Lograr el éxito no es cuestión de tener un don especial para ello. Tampoco se trata de estar en el sitio correcto en el momento adecuado o de conocer a la gente adecuada. Todo eso puede ser una ayuda, desde luego. Pero lo que determina el estar entre los mejores es otra cosa. Lograr el éxito es el resultado de enfrentar tus miedos y superarlos. Es el resultado de intentar, equivocarse, volver a intentarlo y no rendirse. Practicar, practicar y practicar, dentro y fuera del escenario. Eso es lo que lleva a cualquier persona a poder convertirse en un orador de éxito.

Si quieres ser un gran orador. Si quieres dar discursos que no sólo sirvan para informar y entretener. Si quieres ser alguien realmente inspirador para la gente, sigue estos consejos:

1. Habla sin moverte del sitio. Mucha gente habla sin parar de moverse de un lado al otro del escenario. Lo que transmite al público esa forma de actuar, es que la persona que está allí arriba tiene inseguridad y miedo. Céntrate. Sal en silencio. Haz una respiración profunda. Coloca bien tus pies. Espera unos segundos. Y ahora, empieza a hablar. Eso demuestra a la audiencia que tienes plena seguridad y la situación bajo control.

2. Actúa como un líder. Hay dos tipos de oradores. Unos son los que dan discursos con el fin de vender algo o simplemente de lucirse ante los demás. Son fáciles de identificar. Todos hemos conocido alguno. A los pocos minutos de empezar su discurso, el público ya se ha dado cuenta de lo que pretende y desconecta. El otro tipo de orador es el que actúa como un líder. Su objetivo es aportar valor, enseñar algo nuevo, en definitiva: inspirar. Es alguien que da, en lugar de pretender recibir. Este tipo de orador es el que realmente conecta con el público desde el principio. Es el tipo de orador que será recordado y llegará alto.

3. Mira a los ojos a tu público, uno a uno. Lo habitual es que la persona que esté dando el discurso, mire en general a todos. Incluso hay quien no mira más que al papel que tiene delante, o fija la vista en un punto perdido del horizonte. Evita actuar así si pretendes lograr que el público conecte contigo. Actúa como si mantuvieses una conversación con un amigo. Mira fijamente a una persona durante unos segundos. El tiempo que tardas en decir una frase o un pensamiento. Luego pasa a otra persona y haz lo mismo. Actúa así hasta que hayas terminado de hablar. Intenta mirar a todos, o al menos al mayor número posible de personas. Cuando miras a alguien a los ojos, le haces saber que le tienes en cuenta. Creas una conexión.

4. Intenta hablar despacio. Cuando nos ponemos delante de un público, los nervios pueden traicionarnos. El corazón se acelera. Nuestra mente nos dice: Termina rápido y sal de ahí lo antes posible. Empezamos a hablar más rápido de lo habitual. Ni siquiera nos damos cuenta, pero es así. Por suerte, el público es comprensivo. Están ahí para escuchar tu mensaje. Si necesitas tiempo, te lo darán. Respira. Relájate. Reduce el ritmo de tus palabras. Date tiempo para pensar bien cada una. Tu público se merece que des lo mejor de ti.

5. Céntrate en el público que te sigue. Es imposible caer bien a todo el mundo. Siempre habrá gente en tus discursos que no ponga buena cara. Los habrá que no paren de decir que no con la cabeza. Gente con el ceño fruncido permanentemente y los brazos cruzados. Puede ser que no les gustes tú, que estén en desacuerdo con lo que dices, o simplemente que tengan un mal día. La razón es lo de menos. Olvídate de ellos. Pretender ganártelos es un error. Lo único que lograrás será distraerte de tu discurso. Céntrate en los que te siguen, los que disfrutan de tu presentación y mueven la cabeza afirmando. Ellos son los que te darán seguridad y confianza. Ya has conectado. Puedes relajarte y disfrutar.

6. Convierte lo negativo en positivo. Hay que ver el vaso medio lleno, en lugar de medio vacío. Lo habrás escuchado muchas veces. Parece algo tonto, pero funciona. Cambiar nuestra perspectiva es de gran ayuda. Por ejemplo, en lugar de decir que estás nervioso, prueba a decir que estás excitado. Un simple cambio de palabra nos hace ver las cosas de otra manera. Los nervios pueden paralizarnos. La excitación nos da una descarga de adrenalina que nos hace capaces de comernos el mundo si hace falta.

7. Recuerda dar las gracias. El público ha estado ahí, escuchándote. Te han dedicado su tiempo y su atención. Te han regalado sus aplausos. Dales las gracias cuando termines tu discurso. Es importante.