Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos cuando tenemos que trabajar en equipo es lograr que todos los miembros sean capaces de mantener una comunicación fluida. Sin una buena comunicación, el trabajo termina resintiéndose. Se generan malas interpretaciones, desacuerdos y conflictos de diversos tipos que terminan afectando no sólo a nuestro trabajo, sino a todos los miembros del equipo a nivel personal. Trabajar en un ambiente en el que no nos sentimos escuchados ni se nos permite expresarnos de forma adecuada, termina pasando factura. Por eso es fundamental aprender a crear un diálogo donde todos los miembros del equipo puedan sentirse parte importante de él.

 

Señales de problemas

Cuando trabajamos en una empresa, ya sea pequeña, mediana o grande, y tenemos entre manos el desarrollo de un proyecto importante en una fecha límite, nos vemos atrapados por la tensión y surgen emociones de gran intensidad. Resulta bastante común en este tipo de situaciones que las reuniones que tenemos con nuestros compañeros para compartir información e ideas, pasen de ser diálogos a convertirse en discusiones, prácticamente sin darnos cuenta de qué está sucediendo, ni a nosotros mismos ni a los demás.

Para evitar que ocurra, debemos prestar atención a las reacciones que están surgiendo en ese momento. Cuando las cosas empiezan a tensarse, nuestro organismo empieza a reaccionar de forma peculiar. Nuestro cerebro identifica la situación como de posible peligro para nuestra vida y deja de utilizar las zonas propias del razonamiento para entrar en modo de supervivencia. Es decir, su prioridad pasará a ser el poner en marcha los mecanismos precisos para huir o luchar, las dos únicas opciones que cree que tenemos en una situación de riesgo. Cuando esto ocurre, debemos estar atentos a los indicadores que nos dirán que algo está yendo mal. En general, podemos decir que hay tres tipos de señales que nos avisan de que entramos en una zona peligrosa:

– Señales físicas: El estómago empieza a dar vueltas, aparecen sudores, se nos resecan los ojos.

– Señales emocionales: Podemos sentirnos heridos o irritados, aunque quizás no lo manifestemos.

– Señales conductuales: Desde quedarnos de repente en silencio hasta hablar a voces o empezar a señalar con el dedo de forma amenazante.

Las señales son variadas y cada uno de nosotros podemos experimentar una o varias de ellas. Cada persona es única y diferente, así que la forma de reaccionar de cada una también lo es. Debemos estar atentos y tomarlas como claves importantes para saber cuándo debemos decirle a nuestro cerebro que nuestra vida no está peligro y que es el momento de calmarnos y empezar a razonar de nuevo.

¿Qué hacemos ahora?

Si queremos que el trabajo en equipo sea eficaz y nos haga sentirnos cómodos, debemos tener en cuenta dos puntos fundamentales:

1. Tener un objetivo común. Aunque parezca obvio, no lo es tanto. De hecho, es la causa de muchos fracasos en el ámbito empresarial. Tener un objetivo común implica que todos tengan claro que se está trabajando para conseguir un resultado que beneficie a todo el mundo. Cuando percibimos que el objetivo está en peligro, es cuando empiezan las discusiones.

Es imprescindible dejar los egos personales en la puerta si queremos llegar a un bien para todas las partes implicadas. Intentar imponer las opiniones propias sólo conduce a crear una lucha de poderes, donde cada uno intentará ganar la batalla por su parte. Quedarse en silencio, acusar a otros de lo que ocurre o empeñarse en volver una y otra vez sobre lo mismo, son síntomas de que hemos olvidado el objetivo común y debemos retomarlo con urgencia. Debemos dar la oportunidad a todo el mundo para que pueda expresarse con total libertad, independientemente de que sus ideas puedan estar equivocadas o ser totalmente contrarias a las nuestras. Debe existir un flujo de opiniones, ideas, sentimientos y experiencias de todos los que participan en la conversación. Se trata de lograr lo mejor para el equipo en su totalidad.

2. Mantener el respeto. Cuando sentimos que nos están faltando al respeto, resulta complicado seguir manteniendo una conversación de manera adecuada. Lo normal es que el diálogo finalice ahí y entremos en el terreno de las discusiones. Dejamos de lado cualquier objetivo común que hubiese y pasamos a centrarnos en defender nuestra dignidad. Nos sentimos atacados, y nuestro cerebro vuelve a desactivar el modo de razonamiento para activar el de supervivencia. Empiezan a salir a flote las emociones como el miedo y la rabia y aparecen conductas poco recomendables como los gritos, los insultos o las amenazas. Es una situación bastante desagradable que sólo acarrea problemas, malos entendidos y desastre. Nadie termina ganando y todos acaban perdiendo. El respeto a los otros es un punto fundamental que debemos recordar siempre. Si hemos caído en esa trampa, lo mejor es reconocer nuestro error y pedir disculpas sinceras antes de continuar hablando.

En resumen

Si queremos lograr un ambiente adecuado para desarrollar el trabajo en equipo, donde el diálogo y el intercambio fluido de información e ideas sea la tónica habitual y no la excepción, debemos empezar por aprender a disculparnos cuando cometamos un error que pueda causar daño a otras personas y comprometernos de forma clara para definir un objetivo común. Debemos dejar de discutir, aparcar nuestros egos personales, y dejar de pensar que siempre tenemos razón y nuestra opinión es la única que debe tenerse en cuenta. Cuando el equipo se beneficia, nos beneficiamos todos.