Hablar en público es un arte. Y al igual que ocurre con otras artes, es preciso esforzarse y perseverar para llegar a convertirse en un maestro. Lo bueno es que si tienes claro lo que quieres decir, ya tienes una parte del camino. Y si tienes dudas, recuerda lo que decía Buda: “Cuando no tengas nada importante que decir, guarda el noble silencio. Si no puedes mejorar lo dicho por otros, guarda el noble silencio”.

 

Objetivo principal: entretener

Hay dos propósitos principales para hablar en público. Uno es entretener. El otro es informar. Y de los dos, el objetivo más importante es el de entretener a la audiencia. ¿Por qué? Porque si la audiencia se aburre, desconectará y nuestro mensaje se perderá. Si queremos informar a nuestro público, tenemos que mantenerlo entretenido. Esa es nuestra misión principal.

Conoce a tu público

Preocuparte por sus expectativas y necesidades también es básico. Demuestra a tus oyentes que los entiendes. Averigua cuanto puedas sobre ellos. ¿Quiénes son? ¿Qué esperan llevarse de allí? Habla con la gente para conseguir información sobre ellos. Así dejarás de verlos como simples desconocidos. Además hará que te perciban como alguien cercano y generarás confianza. Mirarlos a los ojos de vez en cuando mientras les hablas, también te ayudará a crear esa cercanía.

Si se trata de una empresa, busca toda la información que puedas sobre ella. Problemas que enfrentan, puntos fuertes, competencia, misión, visión y valores. Cuanta más información consigas, mejor. Personaliza tus palabras tanto como te sea posible.

Conversación frente a monólogo

Recuerda que hablar en público debe ser como una conversación. Hay que evitar que parezca un monólogo. Una buena forma de lograrlo es narrar alguna historia relacionada con lo que estás contando. Puede ser algo que te haya ocurrido a ti o a alguna persona cercana, o simplemente una historia que hayas escuchado y que te haya dado que pensar.  Da igual. Cuando contamos historias nos dejamos llevar por ellas. Eso se refleja en nuestra forma de hablar. Resultamos más naturales y más cercanos. Dejamos de hablar al público y empezamos a hablar con el público. Dejamos el monólogo y empezamos a conversar.

El espacio ideal y el momento adecuado

El lugar donde vamos a dar el discurso es otro punto a valorar. Si depende de ti, procura que sea un espacio lo suficientemente grande para que quepan bien todos los asistentes. Pero sin pasarte. Si reservas una sala con capacidad para 200 personas y sabes que sólo van a asistir 30, habrá una sensación de vacío que resultará desagradable. Es preferible buscar otro emplazamiento más pequeño, con capacidad para los 30, que se vea lleno y sea más acogedor. Si tienes que conformarte con una sala más grande de lo necesario, juega con la colocación de las mesas y las sillas para que el espacio se vea lo más lleno posible.

Si vas a dar un discurso que forma parte de un evento de varios días de duración, procura ser de los primeros en intervenir. Al inicio la gente tiene la mente más despejada y le resulta más sencillo mantener la atención. Cuanto más tiempo pase, más cansados estarán y será más difícil entretenerles.

La imagen cuenta

Algo que también debes considerar, es tu imagen. ¡Cuídala! Es importante dar una imagen profesional. Y sobre todo, adaptarte a tu audiencia. Si vas a dirigirte a estudiantes de instituto, puedes ir con vaqueros y una camisa. Si son ejecutivos trajeados, deberás ponerte traje tú también. Si vas en vaqueros a un lugar donde la vestimenta es más formal, puedes encontrarte con una sensación de rechazo nada más llegar. La gente pensará que te crees superior a ellos y que desprecias sus normas. Se sentirán insultados. Ponte al nivel de tu audiencia desde el principio.

La crítica destruye tu credibilidad

Una última recomendación: evita criticar a la competencia cuando hablas en público. Demuestra que eres un buen profesional y una persona con ética. Céntrate en tu mensaje. Deja que tu público decida a quién seguir. Eso reforzará tu prestigio.

Como hemos dicho al principio, hablar en público es un arte. Y como todas las artes, sólo se domina a base de práctica y perseverancia. Así que practica, practica, practica. Una y otra vez. Hasta que tengas tal dominio que lo cuentes de una forma totalmente natural. Ten en mente que el secreto para el éxito se resume en una palabra: perseverar.

En resumen

Si quieres convertirte en un maestro hablando en público, tu misión principal será mantenerlos entretenidos. Eso te asegurará su atención. Preocúpate por averiguar quiénes son y qué esperan de ti. Hablar con ellos te permitirá obtener una información muy valiosa. Además te hará parecer cercano. Dirígete a la gente como si mantuvieses una conversación, no un monólogo. Cuenta historias y recuerda mirarles a los ojos de vez en cuando. En cuanto al espacio, escoge siempre que puedas un emplazamiento con un tamaño adecuado al número de asistentes. Y si participas en un evento con varios ponentes, procura ser de los primeros en hablar. Así la gente tendrá la mente despejada cuando te escuchen. Cuida tu forma de vestir. Debe ser acorde a tu público. Y por supuesto, huye de las críticas a la competencia. Demostrará tu profesionalidad. Seguir estos consejos te ayudará en tu camino hacia la maestría, pero recuerda sobre todo que es la práctica la que hace al maestro. Así que practica y persevera para lograr tu objetivo.

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