Oradores hay muchos. Lo sabemos. El problema es que algunos son tan aburridos, que a los pocos minutos de estar escuchándolos ya hemos desconectado. Seguro que sabes de lo que hablo. Me refiero a aquellos oradores que hablan continuamente en el mismo tono de voz, sin ningún tipo de emoción, narrando todo lo que van poniendo en una presentación de PowerPoint cuyas diapositivas nos acaban pareciendo todas iguales después de ver unas cuantas. A nadie nos gusta que nos recuerden así, ¿verdad?

 

¿Qué podemos hacer?

Nuestro cerebro es una obra maestra. Está diseñado para optimizar el gasto de energía. Así que cuando observa algo que le resulta familiar y repetitivo, se pone en modo automático y desconecta para poder dedicarse a otros temas más interesantes. Es como cuando vamos conduciendo de casa al trabajo. Llega un momento en el que es tan habitual para nosotros, que somos conscientes de habernos subido al coche y de haber llegado al trabajo, pero ya no recordamos nada más. Estamos tan acostumbrados a repetir todos los gestos necesarios para conducir y hacer ese recorrido exacto cada día, que nuestro cerebro ya es capaz de llevarnos conduciendo hasta allí en modo automático, mientras nosotros vamos pensando en la reunión que tenemos esa mañana con el jefe, o planeamos las próximas vacaciones.

Si queremos evitar convertirnos en oradores aburridos y queremos inspirar de verdad a la gente, tenemos que tener en cuenta algunos puntos:

– Habla sólo de cosas relevantes. Empezar con una broma es un clásico que todos hemos escuchado alguna vez. Está bien para romper el hielo y atraer un poco la atención de la gente. Pero procura que sea algo relacionado con el tema del que vas a hablar. De lo contrario dará la impresión de que intentas distraer al público antes de empezar a soltar lo aburrido. Procura que todo lo que hagas y digas esté relacionado con el mensaje que quieres transmitir. Repite varias veces los puntos clave para reforzarlo. Asegúrate de que la gente lo comprende bien. Si se van con la sensación de que les has aportado algo nuevo, te verán como un experto en el tema.

– Sé original. Evita utilizar siempre el mismo material y repetir las mismas palabras en cada discurso que des. Como hemos dicho, lo familiar y repetitivo termina aburriendo al cerebro y haciéndolo desconectar. Si quieres que tu presentación resulte memorable, tendrás que estimular la mente de tu audiencia para lograr un efecto sorpresa. Ofrece al público algo original o inesperado para llamar su atención. Eso puede crear un pequeño efecto de estimulación al cerebro que lo conduzca a la creación de nuevas conexiones neuronales. Lo que significa que el mensaje será recordado durante mucho más tiempo.

– Céntrate en lo que estás haciendo. Toma conciencia de ti mismo y de lo que te rodea. Conviértete en un observador de tu propia persona y del público. Hazte consciente no sólo de lo que estás diciendo, sino de cómo lo estás diciendo. Hazte consciente tanto de tu lenguaje verbal como de tu lenguaje no verbal. Asegúrate de que se refuerzan mutuamente y no se contradicen. Procura variar la entonación y el ritmo de tu voz para dar fuerza al mensaje y evitar resultar monótono. Observa cómo reacciona el público a lo que estás diciendo y haciendo. ¿Has logrado conectar con ellos? ¿Necesitas hacer algún cambio en tu discurso o en tu lenguaje no verbal para atraer su atención? Trata de mantenerte concentrado en todo lo que está ocurriendo.

– Empatiza con el público. Preocúpate por él y dale la importancia que se merece. Infórmate sobre las personas que asistirán a tu discurso. Quiénes son. Cuáles son sus expectativas. Habla con la gente antes de tu presentación si tienes ocasión. Trata de averiguar lo que quiere y lo que necesita. No siempre son la misma cosa. En ocasiones el público tiene necesidades de las que ni siquiera es consciente. Averigua lo que quiere obtener de tu discurso y de ti. Conecta con él a través de tus historias personales. Comparte quién eres. La honestidad es la mejor forma de ganarse a la gente.

– Apasiónate. Disfruta con lo que estás haciendo. Deja salir a tu niño interior. Juega. Diviértete. Cuando algo nos apasiona se refleja en todo lo que hacemos. Y la pasión resulta altamente contagiosa. Contagia a tu público y ten por seguro que te recordarán mucho tiempo.

– Ábrete al mundo. Conoce gente nueva que pueda aportarte nuevas formas de ver las cosas y nuevas ideas. Observa lo que te rodea. El mundo está lleno de historias, anécdotas y humor que pueden inspirarte. Toda esa experiencia podrás trasladarla a tu audiencia.

– Olvídate del miedo al fracaso. Lánzate a la acción y persevera. Como dijo Charles Dickens: “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”. Así que lánzate, fracasa, aprende de ello y sigue adelante. Ahora tendrás nuevos conocimientos que te ayudarán a hacerlo mejor la próxima vez. ¡Enhorabuena!

Olvídate de lo que los demás puedan pensar de ti. Hagas lo que hagas siempre habrá gente que te criticará. Pero habrá mucha más que acabará siguiéndote. Tenlo por seguro. Todo lo que necesitas para llegar a convertirte en un orador memorable que inspire a otros, está dentro de ti. Disfruta con lo que haces. No tengas miedo a arriesgar y hacer cosas diferentes a las que hacen los demás. Cree en ti y en tu mensaje. El público lo valorará y te seguirá.